La crisis hace resurgir empleos que hace unos años estaban más ocultos. Hoy, paseamos por las calles de nuestra ciudad y nos asaltan los “COMPRO ORO”. Las casas de empeño y los empleos para recuperar deudas, es decir, ser un cobrador de morosos, están a la orden del día
El País, recupera el testimonio de varios cobradores de morosos en un interesante artículo. Todos ellos han aceptado este trabajo por no estar en el paro. Algunos resisten en esta dura crisis con un empleo que no soportan, otros no han aguantado la presión de este empleo y lo han dejado.
Alfredo, 40 años, se dedica a cobrar deudas desde hace tres. Este licenciado en Derecho no encontró otro empleo mejor. Tampoco tuvo más suerte su compañera Nuria, de 39, que tiene una diplomatura en nutrición. Ambos trabajan para una importante empresa del sector. A ninguno de los dos les gusta su trabajo y si pudieran, lo cambiarían por otro. "Desde luego ahora en nuestra ciudad no sale nada", dicen ambos encogiéndose de hombros, la sonrisa torcida.
Irene, de 41 años, cuenta su calvario: "Yo llevaba un tiempo en el paro cuando me contrataron y la verdad es que no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo. Al principio no estaba mal, había encontrado trabajo, una estabilidad, pero pronto fui viendo que aquello era un desmadre. La supervisora nos metía mucha caña. Había que levantar la voz y no nos decía que hubiera que ser maleducados, pero si lo eras no pasaba nada. A los deudores los presionábamos diciendo que los íbamos a llevar a juicio aunque la realidad es que tenían que pasar muchos meses para eso. Si no seguías el esquema de amenazas, te penalizaban, y si te penalizaban cobrabas menos y podían echarte", continúa. "Recuerdo claramente a un anciano preguntándome que por qué era tan mala. Buf, se me pone la piel de gallina". Irene ya no trabajaba de cobradora. Ha pasado más de medio año y sigue en el paro.
Alfredo y Nuria, los dos cobradores con cuyo testimonio arranca este reportaje, ganan 950 euros. La mujer de Alfredo trabaja en una empresa de tele marketing y tiene un sueldo similar. El marido de Nuria se ha quedado en el paro. A pesar de su edad, 40 y 39 años, ninguno de los dos tiene hijos, ni se plantea ser padres. "¿Qué futuro iba a ofrecerle?”. se pregunta Alfredo encogiéndose una vez más de hombros: "Estamos llamando a gente que a lo mejor mañana soy yo... Es una mierda, pero por lo menos no estamos en la calle cobrando el paro".
Está claro que esta NUEVA ERA LABORAL es distinta para todos. Hay gente que ha cambiado de sector por gusto y otros por necesidad. Lo que también arrastra esta ERA es mucha incertidumbre, decepción y desgana general.
¿Qué estamos haciendo mal en nuestro panorama laboral?
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